En las últimas centurias del milenio a.c. se atisban importantes cambios
culturales que presagian variaciones en la estrategia del poblamiento.
Tradicionalmente se viene admitiendo que a partir del 750 se generaliza
en la Península Ibérica la Edad del Hierro. En el noroeste se
observa una tendencia a hacer estables los núcleos de población que,
singularmente, se encierran en ámbitos diferenciados y delimitados por
parapetos, empalizadas o murallas pétreas, conocidos como castros
y que se sirven para caracterizar una cultura de los castros. El hecho
de la existencia de estos sistemas de delimitación habla en favor de la
estabilidad en la ocupación.

Aunque el Bierzo posee unas características geomorfológicas bastante
bien definibles e incluso en él se desarrolló a escala comarcal una
actividad económica tan importante como la la minería de oro (Las
Médulas, como principal referente), en época romana formó parte
de una realidad territorial y, por supuesto, administrativa de nueva
creación: el Conventus Iuridicus Asturum, es decir, Asturia,
que englobaba una diversidad de tierras
y comunidades; en este sentido sería absurdo pretender que la comarca
tuviese ya una identidad por sí misma, algo inexistente en tan
temprana época. De hecho, los diversos ritmos que marcaron su
integración deben contemplarse a una escala regional que trasciende a la
propia comarca y son relativamente homogéneos para toda la región
noroccidental de la Península o, lo que es lo mismo, para el conjunto de
Callaecia y Asturia.
Posteriormente, Roma desmantela o hace abandonar aquellos
asentamientos que no se adecuaban a su modelo de explotación y ocupación
del territorio, pero sin duda debió mantener otros que sí lo eran. Este
pudo ser perfectamente el caso del Bergido prerromano
identificado tradicionalmente como Castro Ventosa, aunque después se
ampliase o trasladase hacia el entorno de Cacabelos y se conviertese en Bergidum
Flavium.
No hay que olvidar, por otra parte, que durante las
primeras fases de la ocupación romana se instalaron numerosas
poblaciones indígenas en algunos tipo de asentamiento que formalmente
pueden parecer prerromanos, si bien su estructura interna, su
funcionalidad y su distribución espacial responden en último término a
un modelo totalmente romano.
Tras la conquista, se inicia la
explotación sistemática del oro de los territorios del noroeste. Esta
nueva y pujante actividad económica hay que entenderla como una
consecuencia y no como una causa de la conquista y está directamente
relacionada con la revisión y aprovechamiento de todos los recursos del
Imperio que Mecenas aconseja a Augusto, más en
particular con la importancia que adquiere el oro como uno de los apoyos
indispensables para el nuevo sistema monetario.

La transición del mundo antiguo al medieval adquiere
una vital importancia para entender los orígenes y formación de los
pueblos, sociedades y estructuras socioeconómicas del Bierzo
precapitalista.
La coyuntura regional podría explicarse teniendo en
cuenta la crisis de las explotaciones mineras, el abandono de minas y
poblados mineros castreños y el desarrollo de nuevos sistemas de
producción agraria. Sin embargo, Bergidum (Castro Ventosa) parece
experimentar un resurgimiento funcional a partir del siglo IV, remarcado
por la construcción de la poderosa muralla de cubos que rodea un
perímetro de más de mil metros, excepcional en este territorio y
sólo con paralelos en las de León, Astorga y Lugo. Es entonces, cuando
Bergidum parece convertirse en el enclave central del territorio
desde donde se organizan las funciones políticas, administrativas,
socioeconómicas, religiosas, etc
A partir de plena Edad Media (siglos
XI - XIII), la situación general del occidente europeo se caracteriza
por el dinamismo y expansión de las fuerzas productivas: actividades
comerciales, crecimiento demográfico, aparición de burgos y burgueses.
Al mismo tiempo, la coyuntura regional en el Bierzo refleja los mismos
síntomas: expansión de estos fenómenos a
través del Camino de Santiago, creación de villas, asentamiento de
francos, favoreciendo también el crecimiento de los dominios feudales.
Es en este momento cuando empiezan a surgir las villas regias
(Ponferrada, Molinaseca, Bembibre, Villafranca) y episcopales (Cacabelos),
tomando más importancia que anteriormente.
A raíz de la crisis y
transformaciones que experimenta la Corona de Castilla durante el siglo
XIV se produce un fuerte ascenso de la nobleza laica. En el Bierzo está
ejemplarmente caracterizado este proceso en las estructuras materiales
de la clase dominante: monasterios, villas y castillos.