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Durante siglos hubo una importante actividad minera, con explotación de hierro y también de cobre y plomo; pero fue la minería del carbón el verdadero motor de la industrialización berciana. Aunque conocido desde el siglo XVIII, su explotación no se inició hasta la segunda mitad del siglo XIX. Dicha explotación tuvo muy poca importancia en razón de las limitaciones impuestas por la falta de un medio de transporte adecuado, lo que provocaría   el fracaso de los pocos intentos de explotación a gran escala que se hicieron. Se añadían además, la falta de un verdadero espíritu minero, la carencia de capitales, las elevadas tarifas de las empresas de ferrocarriles y los impuestos que gravaban esa industria.

La llegada del ferrocarril a Brañuelas, en los primeros años sesenta, fue un aliciente en el inicio de explotaciones en sus cercanías, en el inmediato municipio de Torre.

Hasta la I Guerra Mundial la producción carbonífera leonesa fue bastante mediocre. El conflicto bélico provocó una coyuntura expansiva en la minería del carbón, por el descenso de las importaciones de carbón inglés. La "orgía minera" suscitó el surgimiento de muchas y pequeñas explotaciones, pero también la consolidación y constitución de nuevas empresas, sobre todo la M.S.P. (Minero Siderúrgica de Ponferrada) en 1918, que ese año proyecta la construcción del ferrocarril Ponferrada-Villablino, abriéndose a su explotación los ricos yacimientos del Bierzo y de Laciana.

Con el fin de la guerra vinieron unos años de depresión el sector carbonífero, sin embargo, durante la fase autárquica del franquismo, se produjo el gran desarrollo de la minería berciana, pues fue cuando se pusieron en valor las grandes fuentes mineras y energéticas de esta comarca, con al constitución de Endesa y la central térmica de Compostilla.

 

Fabero y la Mina

GENTILEZA DE SR.MANUEL ENRÍQUEZ

            La cuenca minera de Fabero, donde se localizaba un criadero de la variedad de carbón antracita de singular importancia, forma parte del manchón carbonífero más extenso de la provincia de León, el Manchón del Bierzo. Aunque las capas del yacimiento faberense eran de una potencia meridiana y escasa, el mineral era de una calidad excelente y presentaba una marcha regular de la estratificación y proporción relativamente elevada de granos, lo que le permitía obtener precios medios de venta más favorables que en las minas de Asturias (1).

            La Primera Guerra Mundial (1914 – 1919) hizo evidente las carencias de este mineral en España. Fueron estas carencias las que hicieron que se impulsase la explotación de los yacimientos carboníferos nacionales. Fue en este tiempo según relata el faberense, Eloy Terrón en su libro  Los trabajos y los hombres, cuando empezaron a llegar <mineros con conocimientos> en la explotación de carbón antracita a Fabero. Terrón cita  a Virolo, el de Otero de Naraguantes, como uno de los primeros en arrancar y vender carbón, que posteriormente llevaba en carros tirados por bueyes a Toral de los Vados. Otro pionero de la minería en Fabero fue  Baldomero Abella, natural de Fabero y que había vivido en Cuba y en Bilbao. Este faberense  fue denunciante de importantes pertenencias  antraciteras de Fabero y Toreno, entre otras el paquete de concesiones mineras que llevan su nombre, Las Baldomeras. Según la Cámara Oficial de Comercio e Industria de León, en el año 1916 se presentaron en la Jefatura de Minas de León 921 solicitudes de registro de pequeñas  concesiones mineras en toda la provincia. Hasta ese momento, los habitantes de Fabero se dedicaban a la agricultura de subsistencia y ganadería sobre todo caprina.

            El vertiginoso descenso de la importación de carbones ingleses a consecuencia del conflicto bélico mundial posibilitó que   la minería leonesa  y con ello la minera de Fabero entrara en la fase que se dado en llamar  la <orgía minera> caracterizada por una vertiginosa expansión del mercado interior español y un importantísimo aumento de la demanda, sostenida en su totalidad merced a un incremento del 100 por 100 en la producción nacional. Así en 1918 quedó constituida  la sociedad Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), que adquirió la mayor parte de las concesiones de la cuenca de Villablino. Esta empresa, con el decidido apoyo del entonces Ministro de Fomento, Cambó, emprendió ese mismo año la construcción de la línea de ferrocarril entre Villablino y Ponferrada que posibilitó la actividad minera de las cuencas del oeste del Manchón Berciano principalmente de Fabero y Toreno (2).

            En  el año 1927, la Sociedad de Carbones Moro S.A. para  acercar el carbón de sus explotaciones en Fabero al tren, construye  un tranvía aéreo de postes de madera desde Fabero a la estación de ferrocarril de Matarrosa.

 La fuerte expansión que experimenta  la antracita en la provincia a partir de 1929 hizo que se consoliden algunas empresas como entidades financieras capaces de afrontar la preparación de labores e instalaciones anejas a las minas. Así en el Coto Julias, situado en la cuenca de Fabero y explotado por Máximo Moro, se perforó en 1933 un pozo plano en las labores del grupo norte, provisto de un torno eléctrico de extracción con una potencia de 50 CV. También se mejoraron  y perfeccionaron todas las instalaciones, montándose un nuevo taller de clasificación y lavadero de carbones, y construyéndose una casa oficina con habitaciones acondicionadas para botiquín (3).

También en los grupos Alicia y Lillo - Lumeras, ubicados en concesiones mineras propiedad de Antonio López Boto y  arrendadas por Diego Pérez. Se realizaron también en el año 1934, labores de preparación de algunos talleres de arranque, instalando también un torno eléctrico y un cable aéreo  y algunas mejoras de ventilación especialmente en el Grupo Lillo - Lumeras. Además electrificaron todos los servicios para lo que se montó  una nueva estación  para la trasformación de la energía. Y se construyó también una casa botiquín, vestuario para el personal obrero.

Acomodándose a las, cada vez mayores, exigencias de las industrias consumidoras, Miguel Huerta construyó, en ese año equipos de clasificación y lavado en Barcena de la Abadía así como suministro de  electricidad a sus explotaciones (4).

La empresa Antracitas de Fabero, que fue durante mucho tiempo la mayor empresa antracitera de la provincia se constituyo en 1920 por Diego Pérez  Campanario, arrendatario de terrenos mineros de Fabero propiedad de Antonio López Boto. El contrato de arrendamiento tenía una duración de cuarenta años y un precio estable, que la inflación se encargó de dejar en lo irrisorio. Esto motivó un famoso pleito entre Antonio López Boto y Diego Pérez Campanario que se recoge en los manuales de jurisprudencia como prototipo para los conflictos entre propietarios y arrendatarios de minas. En este pleito se pugnaba, entre el propietario de las concesiones mineras y el arrendatario, por una de las explotaciones más ricas y productivas de la zona, las Alicias sobre cuyo arrendamiento nació Antracitas de Fabero. El pleito se resolvió a favor del arrendatario, que mantuvo las condiciones del contrato que contemplaba una duración del arrendamiento de cuarenta años, hasta su caducidad en  los años sesenta. En ese momento se constituyó la empresa Combustibles de Fabero para continuar con la explotación de las Alicias. Antracitas pasó a laborear en otras minas adyacentes. Unas décadas más tarde, Antracitas de Fabero volvió  a tener problemas, en este caso  con Minas del Bierzo propietaria de las concesiones  que estaba explotando. Antracitas de Fabero ponía los trabajadores y las infraestructuras de explotación y Minas del Bierzo las concesiones. Y aunque la mayoría de los accionistas formaban parte de ambas sociedades los problemas afloraron aunque sin mayores consecuencias, repercutiendo esta situación principalmente a la hora de avalar  la petición de créditos por parte de Antracitas de Fabero.

Al lado de las empresas anteriormente mencionadas subsistían algunos <chamizos> con explotaciones  asentadas en concesiones pequeñas y rudimentarios medios de producción. Mención especial merece el que explotaron en Barcena de la Abadía un grupo minero de explotación en régimen de colectividad  hasta que estalló la Guerra Civil. Una de las primeras medidas que tomó la nueva  Corporación Municipal de Fabero nombrada por el gobierno provisional de Franco el 29 de agosto de 1936, fue <intervenir>  esta concesión minera y el carbón acumulado en las inmediaciones de esta explotación. La justificación de dicha intervención, según consta  en el acta del pleno extraordinario de la Junta Gestora Municipal de Fabero fue la necesidad de hacer frente a los graves daños que habían causado los mineros. Tales como la quema del cuartel de la guardia civil (5).

Una vez finalizada la Guerra Civil la  cuenca de Fabero como otras cuencas mineras  se convirtió en uno de los principales centros de explotación de presos.

Las minas disponían de poco personal cualificado y las cárceles estaban llenas de mineros, profesionales. La extracción de carbón era de valor estratégico incalculable para el gobierno franquista. Entre las explotaciones que  contaban en 1943 con destacamentos de presos para extraer el carbón, se encontraban  las empresas de Fabero Minas de Antracita Moro, S.A. y Minas del Bierzo (6).

Junto a los presos también llegaron muchas personas fieles al nuevo régimen que ocuparían cargos de confianza en las distintas empresas.

Los años cuarenta y cincuenta fueron años de creciente demanda de trabajadores para emplear en las minas y  de competencia entre las empresas por mano de obra cualificada. La población de los municipios asentados en el entorno de las minas ubicadas en Fabero resultaba insuficiente para las necesidades de personal de las empresas. Esto hizo que llegasen a Fabero oleadas de inmigrantes de otras zonas de la provincia y de gallegos y asturianos. La población de Fabero pasó de mil novecientos veinticinco habitantes en el año 1940  a los tres mil seiscientos sesenta y seis  en el año 1950.  En la década de los sesenta, concretamente en el año1964  la población censada  en Fabero era de ocho mil novecientos cuarenta y ocho habitantes y otras dos mil personas conformaban la población flotante.

En siguientes oleadas de inmigrantes llegaron los andaluces principalmente desde  Córdoba. Más tarde llegaron los portugueses y pakistaníes, los últimos tuvieron una presencia efímera en Fabero, mientras que son muchos los portugueses que llegaron a Fabero  y que se han quedado definitivamente en esta población.

El incremento poblacional experimentado en Fabero y el resto de las localidades mineras  como Toreno hizo que las mismas fuesen deficitarias de viviendas desde 1930 hasta 1970. En un intento de paliar en parte este déficit, la empresa Antracitas de Fabero hizo un poblado minero de 250 viviendas adosadas en el año 1955. También se construyeron pequeños grupos de viviendas a pie de explotaciones, así surgieron conjuntos de barracones como los de la Jarrina, Minas Sota, El Pozo o la Pozaca.

También jugó un papel importante para solucionar este problema La Obra  Sindical del Hogar que construyo 108 viviendas en Vega de Espinareda en el año 1959 y 166 viviendas en Fabero en el año 1963 (7).

            A pesar de esta explosión demográfica en la década de los sesenta comienza la mecanización de algunas explotaciones provocando la primera reducción de plantilla. Al mismo tiempo  en este periodo la producción se fue reduciendo moderadamente hasta el año 1970 mientras que se iniciaba la importación de carbón. En los años 1972 y 1973 se produce un paréntesis en la reducción de la producción debido a la crisis del petróleo. En 1979 se produce una grave crisis en Antracitas de Fabero que se saldo con una reducción de plantilla de la empresa de mil a ochocientos trabajadores.  Y en el año 1987 esta empresa se ve sometida a una nueva regulación de empleo que duró 18 meses y que se resuelve con el cambio de concesiones. A cambio de pertenencias en la explotación a cielo abierto de la Gran Corta que se había empezado a explotar con cierta seriedad en 1980, Antracitas de Fabero podrá explotar en mina de interior la concesión Alfredo perteneciente a Antracitas de Gaiztarro y  la concesión Alicia propiedad de Combustibles de Fabero, ubicadas ambas en los límites de la mina de Antracitas de Fabero. La explotación a cielo abierto de la Gran Corta se presenta como la tabla de salvación de la minería en Fabero con unas reservas de más de 25 millones de toneladas.

Antracitas de Fabero a pesar de todos estos avatares fue la última empresa minera con actividad en  Fabero. En el año 1997  fue adquirida a sus propietarios por Victorino Alonso que la integro en la Unión Minera del Norte  pasándose a denominarse,  Sector Fabero de UMINSA. Se cerró en los primeros días del mes de marzo del año 2002 y su plantilla paso  al grupo Jarrinas de esta empresa, enclavado en el corazón de la Gran Corta.

            Anteriormente en diciembre de 1993, después de una larga agonía habían cerrado Combustibles de Fabero y Antracitas de Marrón. Y sus respectivas plantillas, junto al cupo de carbón que les correspondía fueron  recogidas por el empresario Victorino Alonso en la empresa Victoriano González  aunque los trabajadores  procedentes de Cofasa se incorporaron en el Grupo Escandal de Antracitas de Gaiztarro  que también había adquirido Victorino Alonso.

            Hoy la cuenca Fabero Sil está  en manos del mencionado empresario que concentró en el grupo Santa Cruz la actividad minera de interior. Aunque mantiene algunas instalaciones, principalmente lavaderos de carbón  en varias localidades entre ellas  en  Fabero en el que fue grupo Alicia.

El tributo humano pagado por Fabero a la mina

             La mina fue el motor económico de Fabero que pasó  de ser un pueblo  dedicado a la agricultura de subsistencia y a la ganadería, a ser el primer municipio de España en producción de antracita. Este cambio no fue gratuito,  la mina  se cobró su tributo a través de los accidentes laborales  y las enfermedades profesionales, además del tributo medioambiental que no debemos perder de vista y que se analizará en otro capítulo.

            Al mismo ritmo que las labores extractivas de antracita iban asentándose en la vida económica de Fabero,  la mina se cobraba  su cuota en vidas humanas.  Examinando los libros de las defunciones acaecidas cada año en el municipio, comprobamos que muchas personas perdieron su vida en el duro trabajo de la mina. Los primeros años mediante los accidentes mortales y con el paso del tiempo, además con la muerte a consecuencia de la silicosis, enfermedad respiratoria provocada  por la inhalación  de polvo, en este caso del carbón antracita.

            La asfixia por compresión, la fractura craneal y la hemorragia  eran las  causas  más comunes de la muerte en accidente minero.  Lo normal era que cada año dos tres personas perdieran la vida en Fabero por alguna de estas tres causas. De los veintiún  hombres fallecidos en el año 1930, dos fueron victimas de fractura de cráneo y en  el año 1944 aparece por primera vez  la silicosis como causa de la muerte de dos vecinos de Fabero. En el año 1951 figuran otras dos personas que fallecieron por esta enfermedad  y a partir de ahí, raro es el año que no mueren una o dos personas por dicha causa. A partir de mediados de la década de los sesenta, el número de fallecimientos por silicosis se establece en torno a lo cinco fallecidos por año.  En 1973  los silicóticos muertos fueron diez, elevándose esta cifra a catorce en el año 1983.

            Pero sin duda, fue el 19 de noviembre de 1984, la jornada más fatídica y negra de la historia minera de Fabero. Ese día a las 8,30 de la mañana se produjo  en el Piso 17 Sur del Grupo Río de la empresa Combustibles de Fabero, el incendio y deflagración  de una acumulación de gas  grisú que originó una explosión que causó le muerte instantánea de tres mineros. Posteriormente la cifra de muertos a consecuencia de este grave accidente  se elevaría hasta ocho muertos, mientas que los heridos que supervivieron al grave accidente fueron cuatro.

            El accidente conmocionó a la cuenca minera de Fabero, al resto de las cuencas mineras de la provincia  y como no al Bierzo y a todos los leoneses. Por ello la asistencia a los sepelios de los desafortunados mineros fue multitudinaria. A  los ataúdes les precedieran  numerosas coronas llegadas de la mayoría de las cuencas mieras de España. Cada año el 19 de noviembre se celebra una misa  en memoria de los ocho mineros fallecidos y de todas las victimas de mina  en Fabero.

Cinco años antes, el 17 de octubre de 1979 otra  deflagración de grisú  que tuvo lugar en la galería 13 del Pozo María de la Minero Siderurgica de Ponferrada ubicado en Caboalles de Abajo, le había arrebatado la vida a diez minero mineros., aunque la causa del accidente se  atribuyó a un derrumbamiento de carbón.   

Sumario 4/85 del Juzgado nº 2 de Ponferrada

            No se ha podido determinar que produjo la chispa de inicio de la deflagración y posterior explosión en este  grave accidente acaecido en el piso 17 Sur del Grupo Río de COFASA. Pudo ser una  bombilla de alumbrado o la manipulación del tren energético que se estaba reparando en aquel fatídico momento o incluso que alguien saltándose la tajante prohibición  al respecto, tratase de encender un cigarrillo.  Lo que parece que si ha quedado claro es que,  si se hubiese comprobado  si había  gas grisú  en  dicho piso antes de empezar la jornada, según está contemplado en una directiva de seguridad minera, el accidente podía haberse evitado. Así  lo  entendió en  su sentencia  la Audiencia Provincial de León, tribunal que se encargó de juzgar  el accidente, sumario nº 4/85 del Juzgado nº 2 de Ponferrada,  promovido por el Ministerio Fiscal  y por los familiares de los fallecidos y los perjudicados y en el que ejercitaban la acción popular la Federación Estatal de Mineros de la Unión General de Trabajadores  y la Federación Minera de Comisiones Obreras.

            La Audiencia condeno a prisión menor por   imprudencia temeraria con resultado de muertes y lesiones graves,  al ingeniero director de Combustibles de Fabero,   al capataz jefe del tajo y al vigilante encargado de  medir el gas Y de forma solidaria con la empresa a indemnizar  con once millones de pesetas a cada una de las viudas e hijos  de los seis mineros fallecidos que estaban casados  y nueve millones de pesetas  a los padres de los dos mineros fallecidos que estaban solteros. Así  como indemnizaciones para los cuatro  mineros que habían resultado heridos en el siniestro.

            Con su muerte, Luciano Iglesias Blanco de 41 años, Adelino Alonso Alonso de 32, Manuel  García Álvarez de 28 años, Manuel Tejón Álvarez de 26 años, Ramiro Guerra Díez de 24 años, Santiago Álvarez Díaz de 21 años, Tomás Abella de la Mata de 35 años  y Emilio Álvarez González de 24, marcaron un antes y un después en  la seguridad minera en el Bierzo y León. 

            A partir del accidente  patronos, sindicatos y trabajadores se concienciaron en que, la seguridad es primordial en la mina lo que trajo consigo un mayor rigor a la hora de observar las directivas de seguridad minera. Esto junto con la mecanización y los nuevos sistemas de posteo contribuyeron a que los accidentes mortales desminuyesen sensiblemente. A pesar de las mejoras en seguridad, la mina se cobró en la provincia de León 14 mineros en el año 1997,  mientras que en el año 2002 tan  solo hubo un accidente mortal en la minería leonesa.

            En el periodo comprendido entre 1992  -  2003  fallecieron en la provincia León  a causa de un accidente  minero ochenta y cinco personas  entre  las minas de interior, mina de cielo abierto y canteras de pizarra. De ellos once, ocurrieron en las minas de la Cuenca  Fabero Sil, integrada por la minas de Fabero y  por las del Valle del Sil (Toreno, Matarrosa, Santa Cruz, Sorbeda etc.).

           

Padres, tíos o abuelos  convertidos en esclavos de la patria, conmutaron la pena de cárcel con el duro trabajo de la mina, en Fabero 

Un edificio en ruinas y unas cuantas fichas arrinconadas en el Juzgado de Paz de Fabero, son lo únicos vestigios que quedan   del  destacamento donde, una vez concluida la Guerra Civil, los  que se habían mantenido fieles al gobierno legitimo de España,  frente al levantamiento militar del 18 de julio de 1.936, redimieron con su trabajo en la mina,  las largas penas a las que habían sido condenados. A partir de ahora un molito recordará que en Fabero, al igual que otras cuencas mineras, muchas personas que además de haber perdido la guerra se convirtieron en esclavos  por iniciativa del Gobierno de Franco.

Cientos de personas procedentes de diversas cárceles  León, Astorga, Orense, Burgos, Puerto de Santa María,  Pontevedra, Oviedo, Celanova, Santander, Palencia, Madrid, Jaén, San Sebastián, Santoña, Murcia etc., acusadas todas ellas del delito de auxilio a la rebelión y con penas que oscilaban entre  veinte y treinta años, recalaron  en los primeros años de la dictadura  franquista en  penal de Fabero para  conmutar su condena trabajando   en las instalaciones mineras de Antracitas Moro y Minas del Bierzo. Muchos de ellos tras lograr la libertad condicional o  haber sido indultados se asentaron con sus familias en Fabero y siguieron trabajando en la mina, Lorenzo Bañuelos, Abelardo Vega, Hilario Tejedor, Valentín León entre otros. Los fornelos   formaban el grupo más numeroso del penal, Angel, Nito, Manuel, Rosendo etc. fueron alguno de ellos. 

El destacamento penal de Fabero se asentaba a orillas del arroyo Luis Alto en  el paraje de la Reguera, en las proximidades de Antracitas Moro. Y estaba compuesto por dos pabellones para los presos, un edificio dedicado a cocina y despensa  y un edificio de dos plantas  donde se alojaban los guardias del penal. Una  cerca  impedía la salida de los presos del recinto y la posible entrada de sus familiares. Una vez clausurado el campo de concentración de penados, los barracones de los presos se rehabilitaron para viviendas de mineros y el edificio de los guardias para  vivienda de los facultativos ante la escasez de vivienda que azotaba  a Fabero en la década de los cincuenta, pasando a formar el barrio Bilbao aunque popularmente se le conocía como Los Barracones.

            Por iniciativa de la Fundación Domingo Malagón, desde el domingo 18 de noviembre de 2007, muchos vecinos faberenses rescataron de su memoria aquellos días tristes en que sus padres, tíos o abuelos  convertidos en esclavos de la patria, conmutaban la pena de cárcel con el duro trabajo de la mina, por el mero hecho de haberse puesto de parte del Gobierno legitimo  de la República que se habían dado. Otros  vecinos los más jóvenes, se enteraron  por primera vez que, en los años que siguieron a la contienda fraticida de 1.936,  en  Fabero  funcionó una  delegación del Patronato Central Nuestra Señora de la Merced para la  redención de las Penas por el Trabajo.